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Crónicas de Palma

Un turismo con el presupuesto ajustado

A pesar del aluvión de visitantes que recibió ayer el casco antiguo, pequeños comerciantes de la zona de la Seu y restauradores lamentan las escasas ventas
José Noguera / Diario de Mallorca  |  21 de Enero de 2013 (12:12 h.)
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La calle Sant Miquel se llenó de turistas. J. Noguera
La calle Sant Miquel se llenó de turistas. J. Noguera

Que la llegada de cruceros al puerto de Palma traiga consigo una gran proliferación de turistas no es ninguna novedad. Tampoco lo es que los restauradores y comerciantes de la zona de la Seu hayan visto cómo las ventas han caído más de un cincuenta por ciento en lo que llevamos de temporada turística, en comparación al mismo periodo de 2011. Pese al repunte de visitantes de ayer, ambos sectores coinciden en señalar que no se traduce en un mayor gasto en el pequeño comercio.

Desde primera hora de la mañana de ayer una avalancha de turistas, procedente en gran parte de tres cruceros que recalaron en el puerto, coparon las principales calles y plazas del centro de Ciutat. No obstante, eso no supuso que las tiendas y restaurantes recibieran gran afluencia de clientes y, por consiguiente, un incremento de sus ingresos.

Los comerciantes, principalmente los trabajadores de los souvenirs, señalan que están teniendo una peor temporada, en relación a la anterior. Sin embargo, aseguran que los miércoles, viernes y sábado son los días que registran mayores ventas, debido a la llegada en masa de cruceristas. "Los días que llegan son los únicos que conseguimos hacer algo de caja. Por lo general, los lunes, martes y jueves son flojos", detalla Josefa Roca, que trabaja en una tienda de regalos en la calle Palau Reial.

Las buenas previsiones para esta temporada turística parecen haberse quedado en tan sólo alentadoras promesas, pese a los días de cruceros. Según el sector comercial, los turistas vienen con el dinero contado y apenas gastan. "Los clientes miran, comparan, se lo piensan y después compran. Cuesta mucho cerrar una venta", explica Juan Francisco, empleado de Can Sargantana.

"Turismo baratero"

El dependiente confiesa que muchos visitantes regresan a la tienda para regañarle si han encontrado el mismo producto a un precio inferior en cualquier otro establecimiento. Tanto él como muchos otros comerciantes del barrio de la Seu catalogan a este tipo de cliente como "turismo baratero", ya que vienen con el dinero contado.

En esta misma línea se expresa Mónica Justo, que trabaja en una tienda llamada Happy Moments. Comenta que los compradores procedentes de Alemania, Inglaterra, Francia e Italia exigen que se les aplique descuentos o promociones en todos los productos e incluso los que ya están rebajados. "Siempre quieren más", afirma sorprendida.

Pero hay quienes son todavía menos optimistas. "Este mes hay un treinta por ciento menos de cruceros y no lo digo yo, lo dice la prensa", asevera María Consuelo Torti, propietaria de la tienda Anete Moda. " No es que haya poca gente, sino que no quieren gastar y si lo hacen sólo compran artículos de dos o tres euros", añade.

Las altas temperaturas, que rondaban los treinta grados, no impidieron que los turistas aprovecharan para visitar monumentos históricos, como el Palau de l´Almudaina, los Bany Àrabs o la Seu. Muchos de ellos realizaron rutas guiadas por el casco antiguo.

Aunque ayer hubiese una avalancha de personas en las calles, casi ningún crucerista puso especial atención a los comercios. Los propietarios de los establecimientos veían cómo de repente su local se llenaba y poco minutos después se volvía a vaciar. Eso sí, los ingresos en las cajas registradoras no variaban demasiado.

Los problemas de los cruceros

Los que trabajan en el sector de la alimentación explican que el problema de los cruceros es que la mayoría de veces la tripulación no les permite llevar comida de fuera. En ese sentido, Emilia Suárez, propietaria de la tienda de productos típicos de Mallorca Es Recó d´Emilieta, expone que le compran más artículos los que vienen en avión que los que llegan en barco. "Vendemos sales típicas de aquí, ensaimadas o sobrasadas sobre todo a aquél turismo que viene por touroperador o por cuenta ajena", detalla.

Por otra parte, los vendedores creen que otro de los inconvenientes de los cruceristas es que muchos visitan la ciudad a través de rutas guiadas, lo que provoca que no se detengan en los comercios. El incremento de turistas no dispara las ventas de los pequeños negocios del barrio antiguo.

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