13:49 h. Sábado, 18 de Noviembre de 2017

Crónicas de Palma

Un día en la playa por 40 euros

De un extremo al otro del litoral palmesano, Can Pere Antoni se convierte en la zona de baño más cara de la ciudad y en cambio Can Pastilla se sitúa entre las más económicas
José Noguera / Diario de Mallorca  |  21 de Enero de 2013 (15:23 h.)
Más acciones:

Entre cero y 40 euros es lo que cuesta disfrutar de las playas de Ciutat. Desde las aguas de Cala Major hasta la costa de la Platja de Palma. Eso sí, el precio variará en función de la generosidad del bolsillo del usuario. Pero éste no es el único factor a tener cuenta. No es lo mismo tomarse un mojito en Can Pere Antoni que en Can Pastilla, donde los precios cambian considerablemente.

Pasar un día en las aguas que están frente a las obras del Palacio de Congresos supone pagar un poco más de un 40% si se compara con la playa más barata de la ciudad, Can Pastilla. Alquilar un par de tumbonas y una sombrilla en Can Pere Antoni, deleitarse con una suculenta comida y refrescarse con varios cócteles puede llegar a valer 40,5 euros.

En cambio, gozar de los mismos servicios en Can Pastilla ascendería a 27 euros. El punto intermedio se sitúa en Ciutat Jardí, donde el usuario podría llegar a abonar hasta 34 euros por pasar unas fabulosas horas cerca del mar.

La anterior temporada turística las cuatro concesionarias de las playas de Palma únicamente cobraban a los usuarios por el uso de las hamacas. Este verano, tanto residentes como turistas pagan, además de las tumbonas, las sombrillas a cinco euros por día.

"Esto no es Es Trenc"
Dicha medida, aprobada por Cort con la finalidad de incrementar sus ingresos, no ha sido bien acogida por los bañistas. "Me parece increíble tener que desembolsar 15 euros por el parasol y las hamacas. ¡Esto no es Es Trenc!", destaca Joana Massot, vecina de Sant Agustí. Pero los hay más críticos. "¡Esto es un robo en toda regla!", exclama Andrés García, acompañado de sus amigos Ezequiel y Marcos.

Al margen de si pagar cinco euros es justo o injusto, son muchos los que deciden alquilar las tumbonas. "Para un día que venimos preferimos pagar y estar más cómodos", comenta Juan Valiente, un valenciano que está de vacaciones en la isla con su familia. De hecho, la ocupación del mobiliario playero está siendo bastante alta este agosto, a excepción de Ciutat Jardí y de algunos balnearios de la Platja de Palma, según comentan los ´hamaqueros´ consultados.
Mientras unos optan por estar plácidamente tumbados en la hamaca, otros prefieren sentir la textura de la arena. El termómetro ronda los 35 grados y la llegada de personas en busca de un hueco para instalar su toalla y sombrilla no cesa.

Los chiringuitos y bares se llenan de turistas y residentes que desean tomar una caña o un mojito para sobrellevar mejor las altas temperaturas estivales. Gran parte de estos establecimientos tienen lleno hasta la bandera, en cambio para otros la dureza de la crisis se hace más presente.

La mayoría de restauradores encuestados son relativamente optimistas, porque afirman que "la temporada va bien, aunque podría ir mejor". Sin embargo, también los hay más escépticos ya que auguran los peores pronósticos para lo que queda de verano. A pesar de que numerosos usuarios traen sus bebidas y comida de casa, no quieren renunciar a una buena caña o un refresco. "La cerveza es mi único capricho", confiesa Manu Tomás, asiduo de la playa de Ciutat Jardí.

Los precios de las cañas en la costa oscilan entre 2,10 y 3 euros. Un importe un poco más elevado que el que se puede encontrar en bares y cafeterías del centro de Palma. No obstante, los cócteles a pie de mar, como el mojito o el daiquiri, valen su peso en oro. Desde 4,90 hasta 10 euros. De nuevo, Can Pere Antoni es la zona que cotiza al alza, y Platja de Palma y Can Pastilla, a la baja.

Oferta gastronómica
Asimismo, bajo la sombra de los toldos de lona, las familias, parejas y grupos de amigos disfrutan de los típicos productos que sirven los establecimientos playeros. Desde calamares fritos o croquetas hasta paellas mixtas pasando por exquisitos platos de pasta. La variedad va con el cliente. Y con su bolsillo.
Por ejemplo, deleitarse con un plato de pasta y un apetitoso postre en la fachada marítima podría ascender a 20 euros por comensal, mientras que comer el mismo tipo de producto en la Platja de Palma costaría la mitad del importe.

Algunos tienen el presupuesto más ajustado. "Uno no puede permitirse gastarse casi 10 euros en una consumición. Todos tenemos prioridades", señala Bernat Silvestre. No muy lejos del joven está Clara Mesquida, usuaria de la playa de Can Pere Antoni, quien opina que los precios "son abusivos" y que estos establecimientos "tendrían que bajarlos".

La oferta complementaria no acaba aquí. Los usuarios, además de tomar el sol con cómodas tumbonas y refrescantes cócteles, pueden alquilar un velomar con la finalidad de hacer algo de ejercicio en plena mar o simplemente para desconectar de las masas de personas que toman el sol.

Las tarifas son iguales para las playas que disponen de estos hidropedales. Si se trata del modelo pequeño, el bañista abonará siete euros, en cambio si escoge uno más grande apoquinará 10,45 euros. Y si no le gusta pedalear, por casi nueve euros puede surcar la bahía en una banana flotante.

Los souvenirs también cotizan al alza en algunos barrios. Comprar, por ejemplo, una colchoneta, una esterilla y una crema solar no cuesta lo mismo en Cala Estància que en Can Pastilla, pese a su proximidad. Mientras que en la primera zona los tres productos ascenderían a 27 euros aproximadamente, en la otra el bañista desembolsaría 22 euros.

En el caso de Cala Major, también dispondría de unos precios similares a Cala Estància. En cambio, las zonas de Platja de Palma se situarían en un punto intermedio, con una media de unos 24 euros por los mismos artículos playeros.

Disfrutar de un espléndido día no sólo depende de las aguas en las que se bañe el usuario, sino de la amplitud del bolsillo. Lo cierto es que cada bañista se ajusta a sus necesidades en función del presupuesto del que disponga. Sin embargo, no hay que olvidar que como reza el refrán: No es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita. 

Más noticias en Turismo

  Un turismo con el presupuesto ajustado

A pesar del aluvión de visitantes que recibió ayer el casco antiguo, pequeños comerciantes de la zona de la Seu y...