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Crónicas de Palma

Estatuas con mucha vida

Las figuras humanas dinamizan las calles y plazas de la ciudad, aunque tras esa máscara de pintura se esconden personas con sentimientos, inquietudes y proyectos
José Noguera / Diario de Mallorca  |  21 de Enero de 2013 (15:37 h.)
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La fuente del ángel B.Ramon
La fuente del ángel B.Ramon

Presiden calles y plazas, aunque no forman parte del mobiliario urbano. Permanecen inmóviles durante horas sin tan siquiera pestañear. Pero no son monumentos de metal. Fusionan lo real con lo fantástico. Son las llamadas estatuas humanas, personas con nombre y apellidos, que embellecen la vías públicas de la ciudad. Tras un parapeto de pintura, corcho y tela se esconden artistas callejeros, llenos de inquietudes y con grandes proyectos.

Un ángel sentado sobre un monumento de gárgola rasguea un arpa frente a la iglesia de Sant Miquel. Sin embargo, la esbelta figura no forma parte del conjunto arquitectónico del templo. Debajo del intenso color bronce, que se apodera de esta estatua celestial, se halla la piel de Kukunamuniu, un artista callejero de origen polaco.

Kukunamuniu aterrizó en la isla hace 5 años, desde entonces no ha dejado de llenar las calles de alegría e ilusión. Atrás dejo otros lugares, como Barcelona, Canarias, Benidorm o Eivissa, y con ellos sus apreciadas performance. "Es una forma de teatro no profesional", define. Estudió arquitectura y actualmente compatibiliza sus proyectos de realidad virtual 3D con su amor por el arte urbano. "No vengo por el dinero. Lo hago porque es mi pasión, cómo un hobby que recomiendo a todos", asevera.

La calle, un vestuario
A la hora de crear su personaje tarda aproximadamente 30 minutos en pintarse, vestirse y colocar todo los elementos en plena vía urbana, ante la presencia de numerosos curiosos. "Si vas actuar en calle tienes que prepararte allí", defiende. Tal y cómo diría él, es toda regla no escrita del arte callejero. El artista comenta que a pesar de que tenga la cabeza llena de conceptos de distintas clases, se inclina hacía las creaciones más clásicas, como la estatua de Miguel Ángel, que están creadas en armonía con la cultura y tradición local.

Mientras el sol empieza a calentar sin compasión el pavimento de la plaza Major, un escritor de principios del siglo XX permanece quieto. "Me gano la vida aportando alegría y felicidad a toda aquel que pasa frente a mí", escribe en una de sus memorias.

Las páginas de su vida también recogen su llegada a la ciudad. Pero detrás de la figura de este ilustre escritor, se esconde un joven senegalés actor de teatro. Babacar Gueye aterrizó en Palma hace tres años con una maleta cargada de esperanza e ilusión, dejando atrás amigos, familia y una ciudad que le vio nacer. Con una pipa en la boca y sin dejar de sonreír, explica que una minusvalía en la mano que le impide desarrollar según que tipos de trabajos. "Prefiero soportar el intenso calor antes que tener que robar o mendigar para poder vivir", arguye.

Las palabras que escribe permanecen inertes como la figura de su cuerpo. Durante más de 5 horas se mantiene inmóvil casi sin pestañear. El secreto de tal virtud reside en la meditación y una mentalidad muy dura, según detalla. Lo verdaderamente sorprendente para él es que la gente que le contempla se pregunte si es de verdad o es de mentira.

De la literatura al arte dramático, pasando por la teología. Todas las disciplinas guardan secretos. Martin Lutero, gran impulsor de la reforma de la iglesia católica, también los tenía. Ahora custodia la entrada principal de s´Hort des Rei y su intención, lejos de crear un movimiento revolucionara, es sacar una sonrisa a los turistas. Eso sí, a cambio de un par de monedas.

Perder la vergüenza
Bajo la gruesa tela de la túnica del religioso, se oculta Taku Jiménez, un argentino que llegó a la isla hace 10 años. Durante los primeros cinco años dinamizaba el centro de la ciudad, encargando también la figura de Lutero, mientras trataba de obtener la documentación. En su país natal, además de hacer arte dramático, inició los estudios de psicología infantil y turismo, aunque jamás concluyó dichas formaciones.

Tras un lustro sermoneando a los peatones, consiguió un buen puesto de trabajo en el sector de la restauración. Pero la dureza de la crisis también se cebó con él. Esta temporada turística Taku no tuvo más remedio que recuperar sus hábitos. Afirma que volver a la calle es difícil. "Al principio tienes mucha vergüenza. Pero poco a poco no te queda otra más que perderla", señala. A diferencia de otras esculturas humanas, Taku realiza pantomima, es decir, un tipo de representación llevada a cabo mediante la mímica. "Cuando finaliza la jornada tengo cefalea", confiensa.

No importa cómo sea cada uno ni tampoco la profesión que desarrolle porque cómo diría el escritor inglés William Shakespeare: todo el mundo es un escenario y todos los hombres y mujeres meros actores.

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