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Crónicas de Palma

Fàbrica se convierte en la calle del paladar

Los restauradores del eje cívico reivindican tener sus terrazas abiertas una hora más durante los meses de verano
José Noguera  |  18 de Enero de 2013 (20:43 h.)
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La calle Fàbrica agrupa más de una decena de restaurantes. M. Garau
La calle Fàbrica agrupa más de una decena de restaurantes. M. Garau

Desde la cocina mediterránea hasta la italiana pasando por la comida vasca. Es la oferta gastronómica que ofrecen los establecimientos del eje cívico de la calle Fàbrica, ubicada en el barrio de Santa Catalina. Cada noche las terrazas se llenan de residentes y turistas que desean disfrutar de la variedad culinaria que sirven los restaurantes de esta concurrida vía peatonal.

Hace apenas ocho meses que el Ayuntamiento inauguró la remodelación de la calle y no ha cesado la apertura de nuevos establecimientos de restauración y ocio. En la actualidad, en unos 200 metros de vía publica se concentran más de 15 bares y restaurantes cuyos precios oscilan entre los 10 y 40 euros. Muchos de ellos llevan más de diez años en el barrio. Otros, en cambio, se han instalado hace escasos meses. En cualquier caso, es el primer verano del eje cívico y los restaurantes están disfrutando las ventajas de disponer de un amplio espacio al aire libre a unos minutos del centro de la ciudad.

Encontrar mesa libre no es tarea fácil. Los establecimientos consiguen llenar todas las mesas de las que disponen en sus terrazas. Sin embargo, en verano apenas tienen clientes los comedores interiores. "Cada día tenemos que decir que no a seis o siete mesas porque tenemos aforo completo", afirma Felip Antich, responsable del restaurante Como me lo como, que abrió sus puertas el pasado mes de mayo. Antich comenta que la gente busca el ambiente que hay afuera.

Los restauradores critican que en verano tengan que cerrar las terrazas a medianoche porque tienen que dar prisa a los clientes o invitarles a entrar dentro para que terminen sus consumiciones. "Estoy en contra de cerrar tan temprano en plena temporada. Si queremos fomentar el turismo debemos ofrecer mejores servicios y horarios", destaca Carlos Matamelos, el encargado de Blanc Mediterrani.

Los empresarios más veteranos de la zona aplauden la remodelación de la calle Fàbrica, porque están cosechando buenos resultados todos los negocios. "Lo que han hecho aquí es perfecto porque ha quedado precioso. Además, todos los restaurantes están funcionando igual de bien", apunta Marcelo Martínez, uno de los socios de La Aldaba. Martínez, que lleva 12 años al frente del negocio, destaca las buenas relaciones existentes entre los demás establecimientos.

Pero los restauradores disfrutan del éxito de manera desigual. "La vía está muy bien pero todavía hace falta mejorar la organización entre la policía y los empresarios", señala Miquel Caporale, dueño del restaurante italiano Sa Botiga de Via Appia. El propietario explica que "es desagradable" que pasen los coches y motos de las fuerzas de seguridad porque asustan a los clientes que están comiendo.

Los ciudadanos que se acercan hasta el barrio de Santa Catalina consideran que los bares y restaurantes ofrecen una gran variedad gastronómica. "Me encanta porque encuentras nuevos productos, como cocina de autor, de fusión o incluso noches temáticas", expresa María Trias, quien suele ir a cenar todas las semanas por la zona. 

"En un espacio muy reducido dispones de una amplia gama donde puedes elegir al momento qué tipo de comida quieres consumir", señala Alberto Fernández, cliente ocasional de los bares de la calle Fàbrica. Según los consumidores, no todo son ventajas. "Es muy difícil aparcar por la noche y al mediodía tienes que pagar la zona azul", critica Cristina Sánchez. Pese a los inconvenientes, ciudadanos y turistas disponen de un templo del paladar a escasos minutos del centro de Palma.

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